El Comité de Seguridad y Derechos Humanos –CME participó en la plenaria de la Iniciativa Internacional de los Principios Voluntarios sobre Seguridad y Derechos Humanos, realizada en Londres entre el 24 y el 26 de marzo, reafirmando su compromiso con la implementación de este estándar.
Hace 25 años comenzó a consolidarse este enfoque, que hoy se mantiene más vigente que nunca. En este escenario internacional, el CME estuvo representado por su Directora Ejecutiva, Luz Stella Páez, y el presidente de la Junta Directiva, Pablo Urrutia, quienes compartieron la experiencia de Colombia en la implementación de los Principios Voluntarios.
Con más de 23 años de trayectoria, el CME ha demostrado que es posible generar respuestas efectivas a los desafíos de seguridad y derechos humanos a través del trabajo colaborativo. Actualmente, el Comité articula a 38 actores de diversa naturaleza (empresas, gremios, sociedad civil, academia, entidades del gobierno nacional y misiones diplomáticas) con el propósito de transformar realidades en los territorios.
De la reflexión a la acción: el valor de la colaboración empresarial
En el marco del evento, el CME participó como panelista en una discusión sobre la cómo la colaboración puede solucionar problemas concretos del territorio. A partir de su experiencia, el mensaje fue claro: la colaboración no solo es necesaria, sino que ya está generando resultados concretos.
Desde 2020, el CME ha implementado una herramienta para el reporte sistemático de incidentes de seguridad y derechos humanos por parte de sus empresas miembro. Este ejercicio permitió identificar desafíos recurrentes en distintos territorios, como los bloqueos y el hurto de cable de cobre. Sin embargo, el mayor valor del análisis estuvo en comprender las causas estructurales de estos fenómenos.
En el caso de los bloqueos, se evidenció que la mayoría de los requerimientos comunitarios se dirigían a las empresas sobre asuntos que son competencia del Estado. Frente a esto, las empresas decidieron no actuar de manera aislada. De forma conjunta, y en articulación con la ANDI, se desarrollaron 27 recomendaciones prácticas organizadas en cuatro líneas:
- debida diligencia,
- coordinación con autoridades y pares,
- transparencia
- y fortalecimiento de capacidades con comunidades.
Estas recomendaciones se organizan en cuatro líneas estratégicas:
- debida diligencia en la gestión de solicitudes,
- coordinación con autoridades y actores pares,
- transparencia y comunicación,
- y fortalecimiento de capacidades con comunidades.
El proceso contó con la participación de líderes indígenas wayuu, comunidades afrodescendientes y autoridades locales en cuatro municipios del norte de Colombia, consolidándose como un ejercicio de construcción conjunta con enfoque territorial.
La experiencia demuestra que, cuando las empresas pasan de respuestas individuales a soluciones compartidas, la colaboración se vuelve efectiva, escalable y replicable.
Una apuesta regional para ampliar el impacto
Durante el encuentro, el CME también compartió los avances en la articulación de una red regional de Grupos de Trabajo en América Latina, con participación de Colombia, Perú, Chile y Brasil.
Esta iniciativa ha permitido consolidar un aprendizaje clave: el enfoque regional no reemplaza los esfuerzos nacionales, los potencia. Los espacios regionales facilitan el intercambio de experiencias, la identificación de desafíos comunes y la construcción de respuestas más eficientes, evitando que cada país tenga que partir desde cero.
Asimismo, estos espacios permiten conectar las realidades locales con las discusiones globales, aportando evidencia y aprendizajes desde la práctica para fortalecer la implementación de los Principios Voluntarios.
En este sentido, la colaboración regional se configura como un puente entre países, experiencias y niveles de acción. Un puente fundamental para escalar el impacto de los estándares internacionales en América Latina.
Un compromiso que continúa
A partir de su participación en este evento, el CME reafirma dos convicciones centrales: que una seguridad bien gestionada contribuye a construir confianza, legitimidad y sostenibilidad; y que, aunque los desafíos son globales, las soluciones se construyen desde lo local y pueden replicarse mediante el trabajo articulado.
El CME continuará impulsando espacios de diálogo, aprendizaje y acción conjunta, tanto a nivel nacional como regional, para fortalecer la gestión de los riesgos en seguridad y derechos humanos en los territorios.